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Acciones para adaptar tu estrategia de producto al segmento Millennials

por Beonprice

Acciones para adaptar tu estrategia de producto al segmento Millennials

El producto turístico debe entenderse como el valor que se le entrega el cliente a través de un intercambio monetario, basado en factores como la calidad, la reputación e incluso la imagen.


Antes de crear un producto, debemos tener en cuenta una serie de puntos como la determinación de la diferenciación, los objetivos de nuestra política comercial o las estrategias a seguir para ser lo más competitivos posibles.


 En este caso concreto nos centraremos en la generación Millennial, un grupo de jóvenes heterogéneo nacido entre los años 1980 y 1995 y que será el principal grupo consumidor en los próximos años (de ahí tanto interés).


Debemos ser conscientes, en la captación de los clientes bajo la etiqueta “Millennials”, de que se trata de un conglomerado de usuarios con necesidades muy específicas, exigentes, dada la gran oferta y la comparativa de todo, y muy informado en tendencias y posibilidades del mercado. Por razones como estas, debemos pensar en trabajar estrategias dinámicas, flexibles y con un punto de vista muy colaborativo.


Algo que debemos tener muy en cuenta en relación a este segmento de cliente es la adaptación a los entornos multicanal. Apostar por una comercialización cross-channel con planteamientos unificados de marca nos hará diferenciarnos, más aún si ofrecemos un producto personalizado. Según un estudio realizado por la compañia Triptease, se obtienen las siguientes conclusiones en relación al segmento millennials:


  • El 85% de los millennials investiga en múltiples webs de viajes con la finalidad de encontrar la mejor oferta.

  • Alrededor del 50% de los millennials está dispuesto a intercambiar información personal para obtener ofertas relevantes.

  • Más de un tercio repite el esquema de fidelidad que les dio el mejor valor añadido.


A partir de unas características muy concretas, este perfil de viajero es sensible en mayor o menor medida al planteamiento que realizamos desde nuestro alojamiento, tanto a nivel comercial cómo de producto. Para estructurar una oferta lo suficientemente competitiva, a la vez que ser realmente relevantes hacia este segmento, necesitamos cuidar los siguientes 10 aspectos a tener en cuenta a la hora de distribuir la oferta de tu alojamiento:


  • Cuidar la reputación online cómo un factor sensible y que potencia la reserva del viajero millennial. El factor puntuación en portales sociales de viajes es el más determinante justo por detrás del precio. Esto nos debe llevar a trabajar en una gestión adecuada de estos parámetros, que casi con total seguridad estarán muy relacionados con la calidad del producto turístico.

  • Construir un producto en el que se integre la cultura local como un factor fundamental de atracción. No conviene conformar la estrategia de producto de nuestro alojamiento a espaldas del destino y la población local, al menos si nos interesa el colectivo millennial. Ser referentes de cultura local nos dará un plus de carisma y atractivo frente a este tipo de segmento de cliente.

  • Digitalizar tanto las experiencias de captación como el resto de interacciones que se realizan durante y después del viaje. Facilitar la experiencia digital del viajero, a partir de webs modernas, contenidos muy visuales y adaptación a dispositivos móviles, en todo el proceso del viaje, son factores clave para conversar con el millennial.

  • Potenciar la fidelización a partir de la recurrencia del viajero dado que se trata del perfil de viajero que más viaja. Considerando que es un tipo de cliente muy viajero, el millennial debe de considerarse como un viajero “premium” dentro de la estrategia de fidelización implantada en nuestro establecimiento.

  • La estrategia de pagar más a mayor número de servicios funciona, a partir de un servicio estándar correcto. El viajero millennial está acostumbrado a pagar un precio correcto por un producto estándar a la vez que pequeñas cantidades por mejorar el servicio. De esta manera, la sensación de pagar el precio adecuado a un producto diferenciado se entiende mejor desde la cultura millennial.

  • La necesidad de conectividad no implica participación por lo que no es recomendable forzarla. Que el millennial esté conectado no implica necesariamente que esté esperando a que las marcas lo aborden dentro de sus momentos de conectividad. Trabajar con una cultura de comercialización, a través de la creación de valor y la demanda del viajero, es la decisión más prudente.

  • No hay que tener miedo a implementar tecnología en nuestro hotel que mejore la experiencia. Los procesos de aprendizaje sobre nuestras tecnologías se acortan y, por lo tanto, el cliente aprende muy rápido ante nuestros nuevos métodos. Si el valor que aportamos es el adecuado, el cliente se adaptará rápidamente a nuestra propuesta.

  • La publicidad online atrae al millennial pero siempre si se trata con cuidado y existe una relación directa con el producto final. El viajero millennial es sensible a la publicidad que realmente conecta con su percepción de la vida. Ser consecuentes con nuestro producto y sincerarnos ante el viajero humaniza los procesos de venta y distribución.

  • El factor de atracción se basa en los destinos y los recursos emblemáticos del lugar, no en viajar para “conocer nuestro alojamiento”. Es importante partir de la base de que el alojamiento es un elemento más en el proceso del viaje y, en consecuencia, no suele ser el objetivo primordial. Por lo tanto, implementar el destino y los recursos emblemáticos del lugar en nuestra estrategia de producto atribuye coherencia y atractivo al mismo.

  • El trabajo y las vacaciones se fusionan en modelos mixtos confluyendo en tiempo y lugar. La movilidad en muchos de los nuevos perfiles laborales permite unificar periodos vacacionales y trabajo por lo que adecuar espacios y generar tarifas especiales para alargar las estancias serían medidas lógicas para adecuar nuestro alojamiento al viajero millennial.

Una vez tengamos en cuenta estos factores, tendremos más fácil adecuar el producto, las estrategias de contenidos, la política de precios o incluso la distribución de nuestro alojamiento. Partir del cliente hacia el producto, y no a la inversa, nos permite tener una perspectiva más focalizada en la necesidad y no tanto en nuestro propio producto. De esta manera, conviene conocer a este perfil de cliente para anticiparnos a un tipo de consumidor específico, más consolidado, que aporta una rentabilidad cada vez mayor y que evoluciona a la par que su poder adquisitivo.

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